¿Y si los juegos Fallout no empezaran por mandarte a un letal mundo postapocalíptico? ¿Y si te quedaras bajo tierra, escondiéndote bajo la (relativa) protección de un búnker nuclear? No hace falta que lo sigas imaginando: la respuesta está en Fallout Shelter. Y es de lo más convincente.
Este juego te pone al mando de un pequeño búnker que va creciendo hasta convertirse en una próspera comunidad. Tu trabajo consiste en construir el refugio, hacer que funcione eficientemente y darle alojo a los supervivientes que provienen del asolado mundo exterior, proporcionándoles un hogar seguro y un trabajo. Aunque pueda sonar algo complicado, en realidad tu objetivo final es bastante simple: mantener a todo el mundo contento.

Por suerte, todo los residentes tienen alguna característica especial. Puede que sea fuerza, percepción, resistencia, carisma, inteligencia, agilidad o suerte. Para sacar lo mejor de la creciente población a tu cargo debes poner a la gente adecuada en los trabajos idóneos, no sólo por cuestión de eficacia, sino porque serán más felices desempeñando tareas que saben hacer bien.

Lo que te interesa es que los más inteligentes se encarguen de hacer Stimpacks (botiquines) y Radaway (inyecciones antirradación), mientras que los más carismáticos pueden serte de ayuda para retransmitir tu localización cuando construyas una emisora de radio que atraerá a más supervivientes. La gente con buenas reservas de resistencia y suerte son la mejor opción para las expediciones exteriores, dado que los primeros se mantendrán con vida durante más tiempo y los segundos deberían ser una garantía para volver con mejores recompensas.

Aquí hay mucho de que preocuparse, pero afortunadamente los controles son maravillosamente intuitivos, permitiéndote inspeccionar salas y personajes individuales con unos simples toques. Lo mismo ocurre para conseguir agua, comida y energía cuando cada habitación alcance su máximo rendimiento.
Lo que hace que Fallout Shelter sea tan absorbente es esa constante sensación de curiosidad por descubrir y avanzar. Enseguida te sientes lo suficientemente seguro como para expandir tu comunidad y alojar a nuevos supervivientes. Algunos de ellos encontrarán pareja y darán a luz a pequeños cuya inteligencia podrás desarrollar construyendo un aula y enseñándoles a trabajar de manera más eficaz.
Tendrás la satisfactoria sensación de que no estás construyendo una base eficiente sin más, sino una verdadera comunidad. Aún así, el peligro nunca está demasiado lejos, dado que en cualquier momento puede aparecer una manada de invasores que quiere atacar tu refugio. Estos sobresaltos provocan emocionantes cambios de ritmo, mientras suenan las alarmas y rápidamente arrastras a tus inquilinos mejor armados a que tomen posiciones y lidien con la amenaza.

Existen otras situaciones complicadas, como quedarse sin energía, agua o comida. Puedes elegir acelerar las cosas dándole al botón de avance rápido. Sin embargo, aumentar la velocidad de la producción conlleva riesgos como brotes de cucarachas o incendios si los dados invisibles así lo deciden.

Pero ahí está la clave: este es un juego en el que hay que encontrar soluciones. Con el tiempo terminarás aprendiendo cómo evitar los desastres más inminentes adaptándote a cualquier situación que vaya surgiendo, por muy complicada que sea.

En esos momentos en los que todo va a la perfección, puedes dedicarte a observar a tus inquilinos haciendo su vida. Es muy probable que les tomes cariño a ciertos personajes, prestándoles más atención que a los demás o inventando historias sobre su pasado.

Sí, como en aquella canción de R.E.M., es “el fin del mundo tal y como lo conocemos”, pero por suerte Fallout Shelter es el consuelo ideal. Y se agradece que, entre tanto juego lleno de muerte y destrucción, este sirva para recordarnos que la vida siempre consigue abrirse camino.