Nunca sabes a dónde irás a parar durante una partida de Monopoly GO. Y no, no hablamos de casillas. Después de construir cinco edificios en cada ubicación, este ingenioso juego te llevará a conocer otro lugar. Tal vez sea Nueva Orleans, Tokio… o un planeta desconocido. Tira los dados y prepárate para visitar cinco de nuestros destinos favoritos.

Camelot (nivel 6)
Este tablero de temática medieval, repleto de caballeros y aldeanos, es un homenaje a la leyenda del rey Arturo. Aquí, invertirás tu dinero en la construcción de un castillo, una mesa redonda y el escondite de un mago. Incluso verás cómo Arturo (que más bien se parece a Mr. Monopoly) saca a Excalibur de la piedra en que yace clavada.

Mónaco (nivel 16)
Incluso en su versión virtual, Mónaco no pierde el encanto. Sabemos que es famosa por ser sede de la Fórmula 1, así que era de esperarse que hubiera carros paseándose a toda velocidad por una pista. Aunque también hay un muelle en el que barcos majestuosos flotan sobre las aguas del océano resplandeciente. Junta suficiente dinero para edificar un casino y una estatua en honor a la clásica ficha de auto de carreras.

Celestia (nivel 24)
Hadas, hechiceros, caballos alados volando al pie de una cascada… Son los elementos perfectos para crear un reino de fantasía de semejante calibre. Construir hoteles y cabañas con forma de hongo es cansado. ¿Por qué no te tomas un descanso y contemplas a la alegre población cruzando el arcoíris que se dibuja sobre el tablero?

Monópolis 3000 (nivel 31)
Las luces de neón de esta ciudad futurista bañan todo a su alrededor de un intenso color rosa y morado, mientras carros voladores surcan los aires. ¿Qué son esas extrañas figuras que rondan por ahí? ¿Seres humanos, máquinas o... androides? Sí, este lugar es impresionante, pero nuestra parte favorita son las maravillas que deberás erigir, por ejemplo, un terrario o un robot gigante.

Parque Canino (nivel 53)
Scottie, la famosa mascota del adinerado tío Pennybags, será feliz en este lujoso parque. Hay una imponente casita del árbol, sofisticadas estructuras de juego, una estética canina y hasta un enorme hidrante de oro. Esto sí que es vida.

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